OnlyFans: ¿quién responde por tu dinero y tu imagen?
- Kool Factory
- 18 ene
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Cuando la pandemia paralizó al mundo en 2020, Sebastián regresó de Brasil a Popayán, Colombia, con más dudas que certezas. Economista de formación y con un futuro profesional en pausa, encontró en OnlyFans una salida temporal: crear contenido erótico para sostenerse económicamente en medio de la incertidumbre.
Carlos Daniel tomó otro camino. Originario de Monterrey, México, comenzó incluso antes del confinamiento. Tras ganar visibilidad en Twitter junto a su pareja, decidió dar el salto a OnlyFans a finales de 2019, luego de ser contactado por una productora pornográfica en Ciudad de México. Para él, la plataforma se convirtió en un proyecto profesional a tiempo completo.
Ambos representan una minoría dentro del ecosistema de OnlyFans. Según estimaciones del portal Hubite, apenas el 1.5% de los usuarios sostiene económicamente la plataforma creando contenido, y solo el 2.6% de quienes publican material son hombres. En este reportaje, MagaNEWS intentó contactar a más creadores LGBTIQ+, pero solo fue posible conversar con ellos dos.
El negocio detrás de la promesa
OnlyFans promociona su modelo a través de una calculadora que promete ingresos mensuales de entre 99 y 499 dólares para creadores con aproximadamente 2.000 seguidores, basados en una suscripción de 4,99 dólares. Estas cifras no consideran propinas ni mensajes pagos.
En América Latina, ese ingreso base supera el salario mínimo mensual de varios países. Sebastián reconoce que, durante sus primeros meses en la plataforma, logró ingresos cercanos a los 2.500 dólares mensuales. Sin embargo, pronto entendió que el dinero no es pasivo: producir contenido, responder mensajes y promocionarse requiere tiempo, constancia y exposición. Es un trabajo.

De ese monto, OnlyFans retiene el 20% por cada transacción. A esto se suman las comisiones de las pasarelas de pago y los límites impuestos por intermediarios financieros como Paxum o Skrill. En el caso de Sebastián, cerca del 30% de sus ingresos se diluía entre comisiones y deducciones.
A gran escala, las cifras son millonarias. OnlyFans proyectó pagos anuales superiores a los 5.000 millones de dólares a creadores. De ese flujo, la plataforma habría generado más de 1.200 millones en ganancias, mientras que los intermediarios financieros habrían captado alrededor de 600 millones.
¿Eres realmente tu propio jefe?
Contrario al discurso de independencia, Sebastián sostiene que la autonomía es relativa. Los creadores están atrapados en una cadena de intermediarios: la plataforma, las pasarelas de pago, los bancos locales y, finalmente, los Estados que comienzan a gravar los ingresos digitales.
Carlos Daniel, en cambio, ve a OnlyFans como un negocio que exige entender el marketing personal. “Todo es estrategia: cómo te muestras, qué subes, cómo te vendes. Si no aprendes eso, no sobrevives”, explica. Durante los meses más duros de la pandemia, sus ingresos se duplicaron.
Dos experiencias, una misma plataforma

Las historias de Sebastián y Carlos revelan dos caras del mismo sistema. Para algunos, OnlyFans es un ingreso temporal; para otros, una carrera profesional. Para unos, el porcentaje que cobra la plataforma es abusivo; para otros, es parte del juego en una industria donde otros sitios retienen hasta el 60%.
Pero más allá del dinero, el verdadero conflicto aparece cuando se habla de derechos, protección y control.
¿De quién es el contenido?
Los términos de uso de OnlyFans establecen que el contenido publicado pasa a ser de propiedad compartida entre el creador y la plataforma. Carlos Daniel lo sabe y no le incomoda, pero sí reclama una mayor protección frente a las filtraciones.
Sebastián tuvo una experiencia distinta. Tras un reembolso solicitado por un suscriptor, perdió sus ingresos y su contenido quedó en manos de un usuario anónimo. OnlyFans resolvió el caso a favor del fan y cerró el reclamo. El saldo de Sebastián quedó en negativo.
El problema no fue solo económico. Su material íntimo quedó expuesto, sin garantías de eliminación ni compensación. Además, el proceso de reclamo se realizó exclusivamente en inglés, sin soporte para la comunidad latinoamericana.
Asimetrías y vacíos de diseño
Sebastián señala una diferencia clave: los fans pueden registrarse con redes sociales y una tarjeta de crédito, mientras que los creadores deben entregar datos biométricos, documentos oficiales y ubicación exacta. Sin embargo, cuando ocurre una filtración, identificar al responsable es casi imposible.
A diferencia de OnlyFans, otras plataformas como PornHub o Xvideos cuentan con mecanismos más efectivos para retirar contenido no autorizado, según relata Carlos Daniel.
Para la investigadora Amalia Toledo, este tipo de plataformas operan bajo políticas extensas, ambiguas y difíciles de interpretar, que terminan siendo aplicadas por trabajadores tercerizados, mal remunerados y sometidos a altas cargas emocionales.
Corporaciones, control y alternativas
El caso de OnlyFans no es aislado. Forma parte de un modelo económico donde plataformas como Uber, Airbnb o Instagram concentran el poder, definen las reglas y trasladan los riesgos a quienes producen valor.
Frente a este escenario, surgen alternativas cooperativas. En Brasil, Señoritas Courier redistribuye sus ganancias entre trabajadoras. En el ámbito del contenido adulto, Peep.me propone un modelo cooperativo con gobernanza compartida y reinversión social.
Como recuerdan activistas y académicos, la tecnología no es neutral. Refleja intereses, sesgos y relaciones de poder. Cuestionarla no es una opción: es una necesidad para defender derechos en la era digital.



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